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2009-07-23

Internet en la Patagonia



Tuve la suerte de recorrer la Patagonia, tanto en Argentina como en Chile. La inmensidad de los paisajes, la flora y la fauna del lugar son fascinantes, tanto al pie de los Andes como en la Pampa seca, en la costa atlántica así como en las orillas del estrecho de Magallanes. No se puede soñar con una naturaleza más salvaje o un aislamiento más completo. No perdería ninguna oportunidad de regresar allí. Convengamos que Ushuaia no es New York. Estamos en el fin del mundo. Pero el viajero encontrará más fácilmente acceso a internet -por un precio irrisorio y gratis en cualquier hotel- que en San Francisco o en Paris. No vi un solo pueblo, incluso al cabo de un interminable camino de tierra y polvo, después de haberme cruzado con avestruces y guanacos, y haber admirado cóndores en el cielo, que no tuviera al menos un café-internet, con excelente velocidad y ancho de banda. Aquí y allá encontré un médico argentino jubilado que hizo su vida profesional en Boston, una artista que vivió mucho tiempo en New York y Berlín, un intelectual que estuvo emigrado durante varios años en Sao Paolo, un escritor que estudió en París, un geólogo formado en Londres, universitarios venidos de Buenos Aires o de Europa central, hombres de negocios que emigraron de Roma o de Madrid. Todos me dijeron lo mismo. Por más intenso que pueda ser su amor por esta naturaleza salvaje, casi original, y los vastos horizontes en que viven actualmente, ninguno hubiera pegado el salto para ir o regresar a la Patagonia, si allí no hubiera internet. Gracias a las redes numéricas, gozan de los dos mundos, el natural y el urbano. Están en interface cotidiana con el poder del mundo salvaje así como con la sofisticación de las grandes metrópolis. Leen los diarios de Chicago o de Roma en su computadora, mirando por la ventana las cimas nevadas de los Andes o los elefantes marinos de la península de Valdez; se comunican a distancia con sus amigos alemanes o libaneses, se ven con las webcam; siguen por la web todas la noticias y todos los casos que les interesan, y están mejor informados que los teleespectadores de las grandes capitales. Crean universidades, sitios web y comunidades virtuales. No les falta nada para aliar la belleza rural a la promiscuidad numérica. No basta con decir que el planeta se ha achicado. El acceso a internet nos permite estar en todas partes al mismo tiempo: en Ushuaia y en Tokyo, en Punta Arenas y en Montréal, al pie de los glaciares de El Calafate y en los Campos Elíseos en París, en un barco que se codea con las ballenas australes y en Buenos Aires o en Moscú. Sin internet, regiones lejanas como la Patagonia estarían aisladas del mundo y reducidas a actividades primarias. Nunca me hubiera encontrado con esos artistas, empresarios, intelectuales, universitarios que hoy desarrollan su actividad allí y le confieren ese desarrollo económico, educativo y cultural necesario para que los jóvenes se queden, al igual que los inmigrantes que recorrieron el mundo.
Internet se convirtió en una infraestructura indispensable para el desarrollo de las regiones alejadas. Hay que ofrecer en ellas la velocidad y el ancho de banda que permita mostrar las páginas de los diarios, imágenes, archivos multimedia, educativos, planos de ingeniero o imágenes médicas, música y video. Internet se transformó en una herramienta prodigiosa y polivalente, tanto para la educación como para la salud, para la democracia como para los servicios públicos, para la cultura, el comercio electrónico como para la investigación científica, para el desarrollo económico como para el turismo. En la Patagonia, cada bed and breakfast, incluso los más aislados, son iguales ante internet. Allí muestran sus paisajes y sus habitaciones, y ofrecen un servicio de reservas que les aportan su clientela cotidiana, venida de todos los rincones del mundo. Las rutas ya no alcanzan. También se necesita, y en todos lados, una red de internet, confiable y poderosa. Internet es la más estratégica de las inversiones que cualquier Estado está obligado a hacer en su política de desarrollo de las regiones alejadas.Lo que puede ofrecer la Patagonia en sus pueblitos de montaña o de la Pampa, para beneficio de poblaciones dispersadas hasta el fin del mundo, hoy sometida a la terrible crisis económica de la Argentina, que se extiende sobre miles y miles de kilómetros, el gobierno de Québec, que dispone de recursos y valoraciones importantes, no parece querer esforzarse en hacerlo posible en Laurentides, a una hora en auto de Montréal, donde la población es sin embargo cada vez más densa y emprendedora, y más aún en nuestras regiones alejadas, de las que sin embargo nos repite hasta el cansancio que es una de sus prioridades. ¿Porqué Québec tarda siempre más con respecto a otras provincias de Canadá, quien, a su vez, otrora entre los países más conectados del mundo, retrocede ampliamente cada año en la clasificación internacional? Sin embargo estamos en 2009. ¡La evidencia es abrumadora! Tenemos que creer que nuestros gobernantes son miopes y sordos. ¿Habrá más avestruces en Québec que en la Patagonia? ¿Habrá que soportar esta incomprensión de nuestros responsables políticos hasta que la nueva generación esté en edad de votar? La Patagonia no esperó. Una vez más, Québec falta a la cita con su historia.

Hervé Fischer

(traducion de Maria Marta Escalente)

2009-06-01

Internet en Patagonie


J’ai eu la chance parcourir la Patagonie, tant en Argentine qu’au Chili. L’immensité des paysages, la flore et la faune y sont fascinantes, aussi bien au pied des Andes que dans la Pampa seca, sur la côte atlantique que sur les rives du détroit de Magellan. On ne peut rêver nature plus sauvage et isolement plus complet. Je ne manquerai aucune occasion d’y retourner. Ushuaia, ce n’est pas New York, on en conviendra. Nous sommes au bout du monde. Mais le voyageur y trouvera plus facilement accès à l’internet, pour un prix dérisoire, et gratuitement dans tout hôtel, qu’à San Francisco ou à Paris. Je n’ai pas vu un seul pueblo, même au bout d’un interminable chemin de terre et de poussière, après voir croisé des autruches et des guanacos, et admiré des condors dans le ciel, qui n’offre au moins un café internet, avec une excellente vitesse et largeur de bande.
Ici et là, j’ai rencontré un médecin argentin à la retraite, qui a fait sa vie professionnelle à Boston, une artiste qui a vécu longtemps à New York et à Berlin, un intellectuel émigré pendant plusieurs années à Sao Paolo, un écrivain qui a étudié à Paris, un géologue formé à Londres, des universitaires venus de Buenos Aires ou d’Europe centrale, des hommes d’affaires émigrés de Rome ou de Madrid. Tous me l’on dit. Aussi intense que puisse être leur amour de cette nature sauvage, quasiment originelle et des vastes horizons qu’ils habitent désormais, aucun d’entre eux n’aurait fait le saut pour venir ou revenir s’installer en Patagonie, si l’internet n’y existait pas. Grâce aux réseaux numériques, ils jouissent des deux mondes, le naturel et l’urbain. Ils sont en interface quotidien avec la puissance du monde sauvage autant qu’avec la sophistication des grandes métropoles. Ils lisent les quotidiens de Chicago ou de Rome sur leur ordinateur en jetant un coup d’œil par la fenêtre sur les sommets enneigés des Andes ou sur les éléphants marins de la péninsule de Valdez; ils communiquent à distance avec leurs amis allemands ou libanais; ils se voient avec des webcam; ils suivent sur le web toutes les nouvelles et tous dossiers qui les intéressent et sont mieux informés que les téléspectateurs des grandes capitales. Ils créent des universités, des sites web et des communautés virtuelles. Rien ne leur manque pour allier la beauté rurale et la promiscuité numérique.
Ce n’est pas suffisant de dire que la planète a rétréci. L’internet nous permet d’être partout à la fois en même temps : à Ushuaia et à Tokyo, à Punta Arenas et à Montréal, au pied des glaciers d’El Calafate et sur les Champs Élysée, sur un bateau qui côtoie les baleines australes et à Buenos Aires ou à Moscou. Sans l’internet, des régions lointaines comme la Patagonie seraient coupées du monde et réduites à des activités primaires. Je n’y aurais jamais rencontré ces artistes, ces entrepreneurs, ces intellectuels, ces universitaires qui aujourd’hui s’y activent et lui confèrent ce développement économique, éducatif et culturel nécessaire pour y garder les jeunes et les immigrants qui ont parcouru le monde.
L’internet est devenu une infrastructure incontournable pour le développement des régions éloignées. Il faut y offrir la vitesse et la largeur de bande qui permettent d’afficher des pages de journaux, des images, des fichiers multimédia, éducatifs, des plans d’ingénieur ou des images médicales, de la musique et de la vidéo. L’internet est devenu un outil prodigieux et polyvalent, aussi bien pour l’éducation que pour la santé, pour la démocratie et pour les services publics que pour la culture, pour le commerce électronique que pour la recherche scientifique, pour le développement économique que pour la protection de l’environnement et pour le tourisme. En Patagonie, tous les bed and breakfast, même et surtout les plus isolés, sont égaux devant l’internet. Ils y montrent leurs paysages et leurs chambres, et offrent un service de réservation qui leur amène leur clientèle quotidienne, venue des quatre coins du monde. Les routes ne suffisent plus. Il faut aussi, partout, un réseau internet fiable et puissant. L’internet est le plus stratégique des investissements que tout État se doit de faire dans sa politique de développement des régions éloignées.
Ce que la Patagonie, aujourd’hui soumise à la terrible crise économique de l’Argentine, qui s’étend sur des milliers de kilomètres, peut offrir à ses villages de montagne ou de la Pampa, au bénéfice de populations dispersées, jusqu’au bout du monde, le gouvernement du Québec, qui dispose de ressources et d’expertises importantes, ne semble pas vouloir se donner la peine de le rendre possible dans les Laurentides, à une heure de voiture de Montréal, où la population est pourtant de plus en plus dense et entreprenante, ni davantage dans nos régions éloignées dont il nous répète pourtant à satiété que c’est l’une de ses priorités. Pourquoi le Québec prend-il toujours plus de retard par rapport aux autres provinces du Canada, qui lui-même, jadis parmi les pays les plus branchés du monde, recule lourdement tous les ans dans le classement international. Nous sommes pourtant en 2009. L’évidence est criante! Il faut croire que nos gouvernants sont myopes et sourds. Y-a-t-il plus d'autruches au Québec qu'en Patagonie? Faudra-t-il endurer cette incompréhension de nos responsables politiques jusqu’à ce que la nouvelle génération soit en âge de voter? La Patagonie n’a pas attendu. Une fois de plus, le Québec manque le rendez-vous avec son histoire.
Hervé Fischer

2009-02-08

Le Canada et le Québec en perte de vitesse



Alors qu'il était classé parmi les premiers, le Canada est aujourd'hui à la traîne pour le développement du commerce électronique et en tête de peloton pour le chargement illégal et la fraude sur l'internet.
Les deux tableaux reproduits ici ne sont pas glorieux pour nous. Que veut-on de plus? Eh! Bien continuer à décliner, puisque le gouvernement fédéral actuel ne comprend manifestement pas que les réseaux numériques sont les infrastructures d'aujourd'hui. Son budget de crise ignore la recherche développement qu'il faudrait consacrer au numérique. Et quant au Québec, il est encore plus à la traîne que les autres provinces du Canada. Il n'a toujours pas mis en oeuvre les 24 millions de dollars votés dans le dernier budget pour les réseaux large bande des régions éloignées. Le problème semble venir du fait que les responsables politiques sont de la génération précédente, celle des "immigrants" dans le cybewmonde, qui s'y sentent mal à l'aise et n'en voient pas l'importance stratégique.
Les réseaux numériques supportent toutes les activités économiques, l'éducation, la santé publique, les industries culturelles, rapprochent les régions éloignées. Nous avons besoin d'un leadership dans ce domaine et nous nous heurtons à l'inconscience et au conservatisme de ceux qui nous dirigent.
Nous sommes pourtant nombreux au Québec et au Canada à prêcher... dans le désert.
Hervé Fischer

2008-07-09

Montréal, capitale mondiale du jeu cinématographique


L’entente entre Ubisoft Montréal et la compagnie d’effets spéciaux pour le cinéma Hybride Technologies, fondée par Pierre Raymond à Piedmont (Québec) il y a quinze ans, est une nouvelle d’importance stratégique. En effet, Ubisoft, une compagnie d’origine française, venue ici en 1997, aujourd’hui en plein essor, et qui compte 1800 employés, a contribué à attirer à Montréal de nombreuses autres compagnies de jeu. On compte aujourd’hui au Québec plus de soixante entreprises directement liées à l’industrie du jeu, dont Electronic Arts (USA) et Eidos (U.K.) (1). On estime à 5000 le nombre d’emplois, qui est en croissance constante. Outre le Centre NAD,qui a joué un rôle décisif dans la formation des créateurs, Ubisoft a créé son propre un campus de formation. Les gouvernements successifs ont instaurée et renouvelée une politique d’incitatifs fiscaux et de soutien à la création d’emplois, qui a clairement joué un rôle déterminant, comme en témoigne le succès de la création è Montréal de la Cité du multimédia. Chaque année L’Alliance numérique du Québec organise au Palais des congrès de Montréal le SIJM, le Sommet international du jeu de Montréal, qui rassemble de nombreux participants étrangers (2). L’environnement industriel informatique constitue lui aussi un paramètre très favorable (Softimage, Autodesk, etc.(3)). Et c’est à juste titre qu’on souligne souvent à quel point la culture québécoise, le cosmopolitisme de Montréal, le bilinguisme de ses créateurs ont contribué à attirer les entreprises mieux que ne pouvaient le faire des villes américaines ou canadiennes unilingues ou moins sensibles aux diversités culturelles. Bref, Montréal a pleinement pris sa place de leader.

C’est dans ce contexte déjà très propice, que l’acquisition d’Hybride Technologies par Ubisoft aura certainement un impact stratégique. Hybride Technologie est réputée internationalement pour son savoir faire en effets spéciaux de cinéma. Cette compagnie a signé notamment les animations par ordinateur et effets visuels de Sin City, Maurice Richard, 300. Elle travaille régulièrement pour Hollywood. Elle permettra donc à Ubisoft non seulement de développer les effets spéciaux de ses jeux vidéo, mais aussi d’en assurer des versions cinématographiques : une nouvelle tendance de cette industrie, qui depuis le lancement des jeux-films Matrix semble très prometteuse, alors que le chiffre d’affaire des jeux vidéos rejoint maintenant celui de l’industrie cinématographique et tend à le dépasser. Ubisoft avait déjà décidé d'investir dans un studio numérique de cinéma. Le projet est ainsi consolidé avec l'expertise d'un partenaire de haut calibre.

Le p.d.g. d’Ubisoft, Yannis Mallat, l’a souligné aujourd’hui: Jamais un éditeur de jeux vidéo et un studio d’effets spéciaux n’avaient uni leur destinée pour partager leur vision du divertissement de demain. Montréal, qui a beaucoup contribué depuis quelques années à orienter l’évolution de l’industrie du jeu vidéo, est donc de nouveau pionnière, avec des jockers dans son jeu.

Hervé Fischer

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(1) Voir : www.eidosmontreal.com/fr/industrie-jeu-video.html

(2) Le prochain Sommet aura lieu les 18 et 19 novembre prochain. Voir :www.sijm.ca/2008/en-advisory-board.html

(3) Voir : http://blog.technomontreal.com/category/jeux-video/langswitch_lang/fr/